Nervioso
ingresé sumergido entre gritos. Falta poco dijeron y yo afirmé sus manos. ¡Ahí viene, Ahí
viene!, agregó otra. No dije nada. Vi su cabeza, me temblaron las piernas y mis
ojos se humedecieron. No dije nada. Salió por completo, envuelto en raros tonos.
Su llanto paralizó mi vida por un instante. Creí morir y renacer a la vez. Todas
opinaban, mas yo no dije nada. Mi mujer aún soportaba el dolor, porque su
alegría era más grande. Alguien preguntó ¿y cómo se va a llamar?, entonces dije:
Benjamín.-
a mi hijo...
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