Después de tres
meses nos conoceríamos en persona. La tarde era perfecta y mis ganas infinitas.
Cuando llegó el momento comencé a buscarla. La vi de espaldas. Toqué su hombro
y al voltearse me miró estremecida. Se veia igual de bella que en la fotografía
de su perfil. Le dije hola, - al fin nos conocemos -. Con voz temblorosa y
tartamudeando me contestó que tal vez la confundía, y se perdió de prisa entre
la gente. Nunca más contestó mis mensajes. Es
tan corto el amor y tan largo escribirnos, diría “Don Pablo” si viviera en
estos tiempos.-
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