Cada día el padre lo busca en su casa hasta encontrarlo.
En la puerta se observan con una sonrisa cómplice, le toma su pequeña mano y se
encaminan conversando quizá qué cosas. Así parecen felices. Su esposa lo contempla,
y triste lo sigue. Al llegar a su destino el hombre se sienta con la mirada
perdida, mientras ella sólo ordena y cambia las flores de la pequeña tumba.-
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